Pronunciamiento de la Asamblea oaxaqueña por Palestina

A 78 años de ocupación, despojo y exterminio
Contra la ocupación y el genocidio: por la autodeterminación del pueblo palestino

El 29 de noviembre de de 1947 es el día en que la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181 (II), el plan de partición del territorio Palestino sin el consentimiento del propio pueblo nativo Palestino, que abrió paso a décadas de despojo, violencia y ocupación.


Denunciamos que a más de setenta años, Israel mantiene un régimen de ocupación apartheid y bloqueo que ha sido marcado por crímenes de guerra.  A 925 días de la intensificación de este exterminio, gracias al trabajo de los periodistas, que arriesgan su vida para informar sobre lo que está sucediendo en Gaza (hasta este momento con más de 274 a casi ya 300 periodistas asesinados por Israel) tenemos registro y con ello certeza de los crímenes cometidos por este ente de ocupación sionista, imperialista e ilegitimo entre ellos: tráfico de órganos, violaciones, abusos sexuales, a hombres y mujeres palestinxs, torturas incluidas a niños, ancianos y enfermos, bombardeos indiscriminados, desplazamientos forzados, destrucción de infraestructura civil y restricciones al ingreso de asistencia humanitaria. A pesar de los acuerdos de alto al fuego y falsas “pausas humanitarias”, la realidad es que estas medidas no han detenido la violencia, y el sufrimiento del pueblo palestino.


En días recientes la ONU ha avalado el plan para la pacificación de Palestina, impulsado principalmente por Donald Trump. En sus recientes declaraciones, Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, ha calificado este plan como “imperialismo con esteroides”, denunciando que implica desplazamiento forzado, violación del derecho internacional y consolidación ilegal de la presencia israelí. 


En este contexto, denunciamos también que las atrocidades no se limitan a un solo lugar: hoy somos testigos de un patrón global. En Sudán, la guerra entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha desatado ataques sistemáticos contra etnias nativas como los masalit, zaghawa o fur. La asesora de la ONU para la prevención del genocidio, Alice Wairimu Nderitu, ha alertado que existen “todos los indicadores” de genocidio. Las RSF han sido señaladas por asesinatos masivos, violencia sexual, limpieza étnica y ataques indiscriminados contra civiles. Además, la impunidad está profundamente arraigada: diversas organizaciones como Amnistía Internacional, han documentado ejecuciones sumarias, ataques a escuelas, mercados y hospitales, y homicidios motivados étnicamente. El genocidio se amplía cada día y las violaciones al derecho humanitario continúan sin rendición de cuentas. 


De modo paralelo, en la República Democrática del Congo (RDC), la violencia ha escalado brutalmente. Grupos como el M23, respaldados por Rwanda, han sido acusados de torturar, asesinar, desaparecer civiles, y mantener a rehenes en condiciones inhumanas. También se documentan torturas, violaciones masivas, ejecuciones sumarias y violencia sexual generalizada, incluso en hospitales y campos de desplazados. Además, ambas partes han lanzado armas explosivas en zonas densamente pobladas, con impactos devastadores para la población civil, infancias y mujeres embarazadas están en una situación de catástrofe y hambruna. Un reciente informe de la ONU incluso señala que los abusos podrían equivaler a crímenes contra la humanidad, con violaciones en grupo y desapariciones forzadas.


Estos hechos no son incidentes aislados: forman parte de una maquinaria global de opresión. La misma lógica colonial, de acumulación de poder y despojo, alimenta las políticas genocidas, los regímenes militares y las redes de complicidad internacional que sostienen estos crímenes. Cuando un Estado se permite matar, desplazar o someter a pueblos enteros sin consecuencias, se fortalece un sistema que amenaza a todas las comunidades oprimidas, no solo a Palestina, en Sudán y el Congo, donde vemos las expresiones más siniestras y alarmantes.


Esta maquinaria, enraizada en los grandes grupos financieros que controlan a los gobiernos del mundo, está detrás de toda la violencia y destrucción del sistema capitalista en el que vivimos. La explotación, el despojo, la violencia son síntomas del capitalismo; la deshumanización y la perdida de empatía, ¿cómo es posible que podamos normalizar estas violencias y seguir con nuestra vida cotidiana como si nada sucediera?.


Por esto, exigimos de manera urgente:

  1. El fin inmediato de toda forma de ocupación, violencia y anexión ilegal israelí del territorio Palestino.
  2. Que las resoluciones de la ONU no sirvan para perpetuar el control colonial sino para garantizar la autodeterminación palestina y de todos los pueblos despojados.
  3. Un alto al fuego real, permanente y supervisado por organismos independientes.
  4. Justicia y rendición de cuentas por todos los crímenes de guerra y las violaciones al derecho internacional en los territorios palestinos.
  5. La plena implementación del derecho del pueblo palestino a un estado soberano, libre y con autodeterminación.

Y, en consecuencia, exigimos al gobierno mexicano el rompimiento total de relaciones económicas, políticas, culturales y académicas con el Estado ilegítimo y genocida de Israel, mientras persista su régimen de opresión y violencia el mundo no estará seguro.

¡Viva Palestina libre!

¡De cada río a cada mar Palestina vencerá!

29 de noviembre de 2025 

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